jueves, 3 de febrero de 2011

FIDEL CASTRO: "HAY QUE AYUDAR A HAITI" (30-11-2004)

(DISCURSO DE CLAUSURA DEL V CONGRESO DE LOS COMITÉS DE DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN
Palacio de las Convenciones. La Habana, Cuba, 28 de septiembre de 1998)

Y voy a añadir algo más. Queda Haití.

Bien, se está hablando de un número de víctimas, alrededor de 100 muertos. Se habla de un número de desaparecidos; quizás muchos de ellos vayan para la lista de los muertos. Han reportado 100 muertos con motivo del huracán. ¿Por qué no se ayuda a ese país? Se lo pregunto a la comunidad internacional. ¿Cuándo van a ayudar a ese país, en dos palabras? ¿Y quiere saber la comunidad internacional cuántas vidas pueden salvarse? Aprovecho esta ocasión dramática del huracán para plantearlo.

Los ciclones dramatizan, pero sobre este país hay un permanente huracán, como este o peor, que mata todos los días casi a tanta gente como la que el huracán mata en un día, y parto de datos precisos y exactos.

Le pregunto a la comunidad internacional: ¿Quieren ayudar a ese país, invadido e intervenido militarmente no hace mucho tiempo? ¿Quieren salvar vidas? ¿Quieren dar una prueba de espíritu humanitario? Hablemos ahora del espíritu humanitario y hablemos de los derechos del ser humano.

Nosotros les decimos: Sabemos cómo se pueden salvar 15 000 vidas todos los años, o en dos palabras: cómo se pueden salvar alrededor de 25 000 vidas en Haití todos los años. Se conoce que cada año mueren 135 niños de 0 a 5 años por cada 1 000 nacidos vivos. Repito: 135 niños de 0 a 5 años
por cada 1 000 nacidos vivos.

Un programa de salud --esto lo hemos hablado nosotros con algunos dirigentes políticos que han visitado nuestro país-- podría salvar a
15 000 de esos niños, y, en un cálculo muy conservador, otras 10 000 vidas más de niños entre 5 y 15 años y de jóvenes y adultos pueden salvarse sin grandes gastos.

¿Por qué a partir de esta amarga experiencia, de este daño que sufre ese país, que nos viene a recordar la larga tragedia de ese pueblo, no se le ayuda en ese campo?

Partiendo de la premisa de que el gobierno y el pueblo de Haití aceptarían gustosos una importante y vital ayuda en ese campo, proponemos que si un país como Canadá, que tiene estrechas relaciones con Haití, o un país como Francia, que tiene estrechas relaciones históricas y culturales con Haití, o los países de la Comunidad Económica Europea, que
están integrándose y ya tienen el euro, o Japón, ponen los medicamentos, nosotros estamos dispuestos a poner los médicos para ese programa (Aplausos), todos los médicos que hagan falta, aunque haya que enviar una graduación completa o el equivalente.

Este país, que cuenta con más de 60 000 médicos y que puede decir con orgullo que tiene el más alto per cápita de médicos del mundo; que formó médicos calculando incluso necesidades del Tercer Mundo donde hemos enviado a muchos de nuestros profesionales de la salud, que han creado
incluso facultades universitarias en varios de ellos, dispone de los médicos necesarios para el programa que proponemos.

Nos reunimos con los que están allá en Sudáfrica, una prueba elocuente de que la cuestión del idioma no es una dificultad. Nuestros médicos que fueron a Sudáfrica tuvieron que estudiar inglés y pasar un duro examen. Hay alrededor de 400, están como profesores, incluso, varios de ellos. Sabemos el aprecio que les tienen, todas las aldeas están pidiendo médicos cubanos. Cuando ellos llegaron a las aldeas, allí no se hablaba inglés —las aldeas de los sudafricanos donde están nuestros médicos no hablan inglés— y en un tiempo brevísimo nuestros médicos se adaptaron a
aquella situación, aprendieron el dialecto de las aldeas y prestan excelente servicio. Así, el francés o el patois que se habla en Haití, con un mínimo técnico, con unos libritos, por el camino aprenden la terminología necesaria para entenderse con los pacientes, ese no es un problema; es más complicado el inglés.

Pero, además, hay un ejemplo: decenas y decenas de miles de haitianos a principios de este siglo, en las primeras décadas viajaron a Cuba a cortar caña y a trabajar como semiesclavos, y eso no fue un obstáculo para que cortaran toda la caña que necesitaban las transnacionales
norteamericanas y los que empleaban a aquellos haitianos.
Para explotarlos no hacía falta conocer su idioma, como tampoco estos países de habla inglesa o de habla española necesitaban conocer el idioma de las aldeas de Africa para traer a trabajar a millones y millones de africanos que fueron esclavizados y crearon incalculables fortunas a sus
dueños.

Para prestar salud a un enfermo y salvar vidas no hace falta conocer previamente el idioma de la aldea. La historia lo ha demostrado, aparte de nuestra experiencia reciente.

En estos programas lo más difícil es obtener el personal humano y nosotros tenemos el personal humano. Estoy seguro de que no faltarán voluntarios entre nuestros jóvenes médicos, estoy absolutamente seguro (Aplausos prolongados), y son médicos que van a las montañas, van a los campos y van a donde sea. Están allá en las aldeas de Sudáfrica (Uno
del público le dice: "¡Y sangre, si hace falta!") (Aplausos.)

Aprovecho esta ocasión, este momento, cuando todavía viven esos pueblos bajo el trauma de lo ocurrido, para proponer este programa para ser dirigido por una institución de Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud.

Haití no necesita soldados, no necesita invasiones de soldados; lo que necesita Haití son invasiones de médicos para empezar, lo que necesita Haití, además, son invasiones de millones de dólares para su desarrollo. Eso no lo tenemos nosotros, pero lo tienen de sobra los organismos
internacionales: lo tiene el Banco Mundial, lo tienen las otras instituciones y lo tiene Occidente, con capacidad suficiente para dar un ejemplo de humanidad. Ese es el país que se encuentra entre los más pobres del mundo y es el más pobre de América Latina, sin discusión: poco espacio, tierra erosionada, montañas deforestadas, zonas pesqueras
agotadas. Ha motivado acuerdos de Naciones Unidas, invasiones militares autorizadas por Naciones Unidas y ejecutadas por brigadas aerotransportadas de Estados Unidos.

Ese país no necesita brigadas aerotransportadas, lo que necesita desesperadamente son brigadas de médicos. Los médicos podemos suministrárselos; otros que envíen maestros y otros que envíen los recursos indispensables para la escuela, infraestructura de hospitales y para el desarrollo de ese país. ¿Para cuándo lo van a dejar?

Que no nos digan que vamos allí a adoctrinar a los haitianos, porque nuestros médicos no han adoctrinado a nadie en las aldeas de Sudáfrica, ni en las decenas y decenas de países donde han trabajado, empezando por
Argelia desde muy temprano. Allá fueron los médicos. Los primeros médicos que salieron de aquí, realmente fueron para Argelia, muy al principio de la independencia. Y cuando nada más teníamos unos 3 000 médicos, porque nos habían llevado a los demás, la Revolución les abrió las puertas de Estados Unidos que quería dejar a nuestro pueblo sin médicos. Sin la Revolución no les habrían dado ninguna visa a los que estaban aquí sin empleo el día del triunfo, sin posibilidades, siquiera, de ir a cualquier lugar.

En Argelia se realizó la primera misión internacionalista que hicieron nuestros médicos. Alrededor de 25 000 médicos y personal de la salud han pasado por decenas y decenas de países de todo el mundo. Y queda hecho el planteamiento, lo sometemos a la consideración de los países o grupos de
países que he mencionado, independientemente de la apelación que hacemos a que ayuden a Santo Domingo y a las demás islas que he mencionado antes.

El caso crítico, crítico, crítico es realmente el de Haití, un clarísimo caso donde con un programa de salud relativamente modesto se podrían salvar 15 000 niños menores de cinco años reduciendo la mortalidad infantil de cero a cinco años a 35 por cada 1 000 nacidos. Nosotros
tenemos 9,4, casi cuatro veces menos. Ya para reducir esa cifra a menos de 20 se requiere una medicina más sofisticada; pero reducir esa mortalidad hasta 35 ó 30 es relativamente fácil.

¿Cuántas madres podrían salvarse de las que mueren en el parto, y cuántas personas de cualquier edad que mueren de enfermedades infecciosas, que son típicas de estos países tan pobres, o de otras enfermedades, perfectamente prevenibles o curables? Hago un cálculo muy conservador, y
le ofrezco hoy a la comunidad internacional la cooperación para que se salven todos los años no menos de 25 000 vidas, y la inmensa mayoría niños. Si no se hace eso en el mundo, ¿cuál será su destino?

Nosotros tenemos ese personal humano. No es un costo económico, es un costo humano. Tenemos a los hombres y mujeres capaces de llevar a cabo ese programa. Si se dignan a considerar estas palabras, esta proposición, que se comuniquen con nosotros cuando lo deseen, para que inmediatamente se pueda hacer un estudio de qué hace falta en ese país para salvarlo, y hace falta, desde luego, médicos y medicamentos.

Espero que comprendan que no deseamos protagonismo alguno, pues todo estaría subordinado a la OMS y que no vamos a adoctrinar absolutamente a nadie, porque es difícil adoctrinar a un niñito de seis meses, de un año, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete en cuestiones de marxismo-leninismo, o en teorías sobre comunismo, o en subversión política. Eso no lo han hecho jamás nuestros médicos en las decenas de países del Tercer Mundo donde han estado y salvado
incontables vidas.

ADRIEN SANSARICQ, UN HAITIANO EJEMPLAR (29-11-2004)


                                           
    
Adrien Sansaricq, nacido en Jeremie el 16 de agosto de 1936, es uno de los más preclaros ejemplos del protagonismo de los haitianos en Cuba, de internacionalismo y de seguimiento y de las enseñanzas de lucha por la independencia y libertad del pueblo.

Desde muy temprana edad asimiló la triste realidad de explotación y miseria que vivía su país. Durante su etapa de estudiante entre 1951 y 1955, y esencialmente en la fase terminal del Bachillerato en 1955, en el Colegio San Luis de Gonzague, en Puerto Príncipe, se trasladaba con un grupo de sus condiscípulos hasta las áreas salineras a compartir con los trabajadores del lugar.

A contrapelo de ser mulato, sintió como suyos los martirios de todo su pueblo, de negros, de mulatos y de blancos, y se dedicó en cuerpo y alma a tratar de transformar esa realidad.

Por ello escogió la Medicina para su formación profesional, para enfrentar los sufrimientos humanos de los haitianos.

Durante esta etapa de su vida, siendo estudiante universitario en México, donde curso los primeros cinco años de la carrera de médico-cirujano en la Escuela de Medicina, sintió determinados cambios en su pensamiento social y político.

El impacto del triunfo de la Revolución cubana, el primero de enero de 1959, le llegó a su vida como cual brújula en su derrotero. Desarrolló amplias e intensas sesiones de intercambios de conocimientos sobre la realidad cubana y su comparación sobre lo acontecido en Haití bajo el mandato de Francoise Duvalier.

Lo que hasta entonces eran sesiones de discusiones teóricas y alguna que otras acciones políticas acometidas como estudiantes, alcanzó más adelante una forma mejor estructurada al incorporarse clandestinamente, a principios de 1962, en el Partido de la Unidad Popular de Haití (Parti d’Entente Populaire d’Haití) (comunista).

En Cuba se había producido un éxodo de muchos médicos y, como respuesta a ello, profesores de la Universidad Autónoma de México, la comunidad progresista y algunos galenos mexicanos, partieron hacia la mayor de las Antillas para dar su apoyo a la situación de salud cubana.

Adrien, ya casi médico, se hizo el propósito de contribuir también.

Remedaba las enseñanzas de los próceres de la Revolución Haitiana, quienes en distintos momentos de la guerra de los mambises por la independencia Cuba entre 1868 y 1898 brindaron su colaboración tanto a ésta como a los criollos encabezados por Simón Bolívar que lucharon por la independencia de Hispanoamérica.

El ofreció su cooperación solidaria a otra revolución: la cubana, y así lo manifestó a su dirección partidista.

Luego de asistir como delegado al VIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Helsinski, en julio de 1962, representando a la Liga Juvenil Popular de Haití, así como a la Asamblea de la Federación Mundial de la Juventud Democrática, en Varsovia, Polonia, viaja hacia Cuba, a donde llega el 26 de agosto de 1962.

El 21 de Septiembre de 1962 es autorizado a realizar el Sexto año en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana y, apenas transcurrido un mes, se aprestó a defender el país como tantos otros cubanos durante la llamada Crisis de Octubre. Él se atrincheró como médico en la zona del Mariel, dentro de un batallón de combate y por espacio de cuarenta días.

Arrostró el grave peligro que vivió todo el pueblo cubano, amenazado de ser desaparecido de la faz de la tierra mediante un ataque con cohetes nucleares por parte de los Estados Unidos de Norteamérica.

Y se empleó a fondo en la colaboración en el terreno de la salud en hospitales de la capital del país, en la especialidad de Pediatría.

A pesar de estar exento de ello por su condición de extranjero, Adrien decide participar en lo establecido por la Ley cubana número 723, del 23 de Enero de 1960, mediante la cual se instauró el Servicio Médico Social Rural en Cuba para los graduados de Medicina. Éstos debían prestar sus servicios en tiempo completo y dedicación exclusiva en las comunidades rurales por término de un año, lo que posteriormente se extendió a dos años.

Fue ubicado en un dispensario médico del municipio Manzanillo, en la zona de Santo Domingo, intrincado lugar de la Sierra Maestra, en el Oriente de Cuba. Se dedicó pacientemente a crear las mejores condiciones para su labor entre la población campesina residente en el lugar y se ganó el cariño y afectos de toda esa población.

Y, a la par, se preparó para el enfrentamiento revolucionario a la situación que imperaba en Haití con la dictadura duvalierista, que sojuzgaba a su pueblo y lo sometía a un terrible panorama de crimen y latrocinio.

Plenamente dedicado a las funciones médicas recibe la infausta noticia de que trece miembros de su familia (padres, hermanos, cuñada, tías y sobrinos), dentro de los cuales estaba su hermanita de diez años de edad y sobrinos menores de cinco años, habían sido masacrados en agosto de 1964 en Haití por los esbirros de Duvalier.

En octubre del propio 1964 es relevado en su misión del Servicio Médico Social Rural. Su buen desempeño como galeno le agenció la positiva valoración de los dirigentes cubanos quienes le confiaron la responsabilidad de participar en el grupo de conducción de la Salud en la región de Manzanillo.

Poco después él pasó al Servicio de Higiene y Epidemiología de Manzanillo como su subdirector, a la vez que se desempeñaba como médico de los círculos infantiles de la zona. En marzo de 1965 fue nombrado director del Policlínico de Manzanillo.

Adrien Sansaricq completará otra faceta de la influencia y enseñanzas recibidas de la Revolución Haitiana: la de ser internacionalista.

Conocido se tiene del aporte y participación de revolucionarios haitianos del siglo XIX en las gestas independentistas de América, incluido, su apoyo a George Washington.

Heredero también de esas enseñanzas, respondió afirmativamente y se integró al contingente de cubanos que, con el Comandante Ernesto Che Guevara al frente, apoyaban a la guerrilla del Congo, en el antiguo Zaire, contra los colonialistas belgas.

Junto a otros dos médicos cubanos (los doctores Octavio de la Concepción de la Pedraja y Diego Lagomosino Comesaña) integra el último grupo de galenos que se agrega al conjunto de combatientes en el Congo.

El 17 de septiembre de 1965 llega a Tanzania y, después de varios días de espera y preparación en Kigoma, cruzan el lago y arriban a las costas congolesas, a Kibamba, donde estaba el campamento guerrillero.

Una semana después arriban al campamento de Moja (Comandante Víctor Dreke), en Carula, y éste los conduce hasta donde se encuentra Tatu (Comandante Ernesto Che Guevara), con quien se entrevistan el día 26.

Cada uno recibe instrucciones directas de su misión y un nombre de guerra. A Sansaricq el Che le denomina Kazulu, nombre de una zona del Africa.

A partir de ese momento Adrien Sansaricq despliega diversas e intensas actividades. Desarrolló las funciones de médico en los momentos que así lo requirieron y constituyó un importante puntal de apoyo en la comunicación de la dirigencia cubana en el Estado Mayor con los representantes congoleses, en las tareas de traductor.

Él estuvo presente, desde su llegada, en los distintos momentos cruciales de la contienda. Así fue hasta que del 18 al 21 de Noviembre de 1965 se realiza la retirada de las tropas cubanas participantes en la guerra de liberación de los revolucionarios del Congo.

Sólo la alta confiabilidad que le confirió el Che y la meritoria labor de Adrien permitieron que al final de esta misión el Guerrillero Heroico lo señalara entre los destacados combatientes de esta guerrilla. Así lo reflejó en su diario de campaña de este gesta cuando incluyó a Kasulu al decir:

“Quisiera dejar aquí los nombres de aquellos compañeros en los cuales sentí siempre que me podía apoyar, por sus condiciones personales, su fe en la revolución y la decisión de cumplir con su deber pasara lo que pasara.”

Adrien regresa a Cuba en diciembre de 1965 y continúa sus labores en la Medicina, esta vez, vinculado a la decisión de la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Africa, Asia y América Latina (denominada Conferencia Tricontinental), respecto a la atención de la salud de revolucionarios latinoamericanos y otros en Cuba.

Es ubicado en los Servicios Médicos de una unidad militar hasta fines de marzo, en que es nombrado allí Jefe de esos servicios. En abril de este propio año es ascendido a Primer Teniente.

Contrajo matrimonio y le nació su hijo: Ernesto Adrien, el 31 de diciembre de 1966.

Transcurre el año 1967 y las noticias sobre la caída del Che y demás combatientes en Bolivia le impactan enormemente.

En abril de 1968 deja una carta de despedida a Faustino, el hijo de su esposa que él ha criado, y también para su hijo Ernesto Adrien:

...Tú sabes que en muchas partes del mundo los pueblos luchan por liberarse de la opresión. Tú has oído hablar de los vietnamitas que pelean duramente contra los malos yanquis. En otras partes del mundo hay otros pueblos también que tienen que liberarse y tendrán que pelear tan duro como los vietnamitas contra los yanquis. América Latina es un continente así que necesita liberarse y como yo soy de ahí voy a luchar junto con todos los revolucionarios y junto con el pueblo. Puede ser que sobreviva a la larga lucha que nos espera y en este caso, nos volveremos a ver algún día. Pero si no logro ver el fin de la lucha no nos veremos más y en este caso que ésta carta sirva de despedida.
...Espero que mi actuación sea siempre limpia y que en ningún momento tu tengas que ruborizarte o avergonzarte de mí. Tengo el firme propósito de que sea así.

Sansaricq se infiltra clandestinamente en Haití y desde el primer momento desarrolla, en unión de otros patriotas, la lucha clandestina contra el régimen duvalierista.

El Partido de la Unidad Popular de Haití (Parti d’Entente Populaire d’Haití) hace un llamado el cuatro de agosto para elevar la lucha contra la tiranía.

Él es un militante convencido de la línea de su partido y se emplea a fondo por su cumplimiento. Fue un activo colaborador de las publicaciones clandestinas Voix du Peuple y de Boukan, bajo el pseudónimo de Lilan Toutsos (Estoy en todas las salsas), orientando las acciones contra la tiranía.

El régimen, con la estrecha colaboración de la Administración norteamericana, principalmente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), despliega una intensa labor de penetración y exterminio del movimiento revolucionario y democrático en Haití. Poco a poco va liquidando en 1969 los focos guerrilleros, la resistencia popular y la lucha activa contra Duvalier.

El 14 de Abril de 1969 en Bouthilliers los efectivos del ejército de la tiranía rodearon la casa donde se encontraban Sansaricq y otra revolucionaria, a raíz de la denuncia de un traidor. A partir de entonces y durante dos horas se batieron a tiros contra las fuerzas enemigas, logrando derribar a varios de ellos y al lugarteniente de la tiranía Harve Magloire, quien iba al mando de los soldados.

Escasos de municiones, intentan abrirse paso a tiros para fugarse. Logran salir de la casa hacia un camino próximo. Ella se esconde dentro de una gran tubería pero es descubierta y es apresada.

Adrien es perseguido muy de cerca. Salta un muro y llega al camino en el justo momento en que avanzan carros con un personero de la tiranía. Al descubrir su figura portando un arma le abren fuego. El cae para siempre.

Contaba entonces con 32 años y casi ocho meses de edad.

Como él cayeron en ese 1969, combatiendo o en las cárceles, Gerald Brisson, Jacques Jeannot, Arnold Devilme, Daniel Sansaricq, Alix Lamute, Lamarre St. Germain y tantos otros que engrosaron las filas del martirologio haitiano.

Hoy, jóvenes haitianos y de otras latitudes continúan fieles seguidores del pensamiento revolucionario latinoamericano, en especial, del Comandante Ernesto Che Guevara. Y el coraje y ejemplo de Adrien Sansaricq vive y pervive en los corazones de los hombres y las mujeres que sueñan y luchan por un mundo mejor, tal y cual pensaron y lucharon por su independencia y libertada los revolucionarios haitianos del 1804.


EMILIO BARCENA PIER, DESCENDIENTE DE HAITIANO, BALUARTE DE LA REVOLUCION CUBANA (30-11-2004)


En el seno de una familia de inmigrantes haitianos llegados a Cuba como fuerza de trabajo barata nació el 24 de septiembre de 1926 Emilio Bárcena Pier.

Sus padres: Estilita Bárcenas y Clemente Pier, habían emigrado hacia Cuba en búsqueda de mejores opciones para sus vidas, en la época del auge azucarero cubano en la Primera Guerra Mundical. Fue el primero de cuaro hijos de este matrimonio y tuvo como escenario de su crianza un barracón de colonia Ojo de Agua del antiguo central Ermita, hoy denominado Costa Rica, en la oriental provincia de Guantánamo, en Cuba.

Su niñez transcurrió en la miseria como la de tantos otros integrantes de esta etnia sometidos a la explotación en la república necolonial de entonces. Por eso tuvo que trabajar desde muy joven para alcanzar el necesario sustento familiar.

Para él no hubo juegos infantiles y ni tan siquiera el aprendizaje en una escuela. El rudo ajetreo en los campos cañeros o cafetaleros, tumbando montes, limpiando terrenos, cortando caña o recogiendo, café eran sus actividades cotidianas.

Y trabajó fuerte, codo con codo con su padre, en una pequeña colonia que alcanzó a tener su progenitor en sociedad con otra persona, en Buey Arriba, en la Sierra Maestra.

En el duro bregar por los campos, alcanzó a desarrollar una corpulencia física que le hizo sobresalir donde quiera que se encontraba. Junto a esto, se forjó un carácter jovial y alegre, lo que le granjeó la amistad y buena voluntad de quienes le llegaban a conocer.

Tal característica le vinculó a distintas personas, sobre todo, a quienes por ese entonces tenían ideas socialistas.

Emilio se adentró en esta forma de pensamiento al punto tal que llegó a ingresar como militante en la Juventud Socialista a finales de los años de 1940, y formar parte de la Comisión de Orden y Disciplina de los actos que se realizaban por la organización.

El país vivía convulsionado por una tiranía sangrienta que había asaltado el poder mediante un golpe de estado el 13 de marzo de 1952.

Su horizonte laboral se fue ampliando: trabajó como cortador de caña y pesador, como chofer y peón de la construcción y otros trabajos diversos.

Se decidió y logró establecerse en sociedad en un bar en Manzanillo, pero se desanimó de ello porque no vio en esto un claro futuro. Abandona este negocio y a fines de junio de 1957 se traslada hacia las montañas, en búsqueda de trabajo en los cafetales.

Pero, cuando se adentra en la Sierra Maestra es interceptado por una patrulla de los guerrilleros del Ejército Rebeldeeque luchaban en las montañas contra la tiranía desde el 2 de diciembre de 1956.

Fue interrogado y sus respuestas fueron honestas y sinceras. Posteriormente fue conducido, junto a otros apresados como él, ante la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien les explicó los objetivos de la Revolución que se desarrollaba y les invitó a incorporarse a ella.

Lo destinaron a la Columna Uno ,al pelotón del entonces capitán Raúl Castro Ruz, con la misión de ayudante de ametralladora.

Así comenzó Emilio su incorporación en esta fase de la lucha por la libertad y la independencia de Cuba

Por su fortaleza física, bondad y nobleza, sus compañeros lo bautizaron como “Tangañica”, personaje en boga en una de las aventuras radiales de la época.

Participó en varias acciones y combates en la Sierra Maestra y su arrojo y valentía le valieron para formar parte de la Columna 6 “Frank País”, encabezada por el ascendido a Comandante Raúl Castro Ruz.

Más adelante fue destinado como refuerzo a la Columna 9 “José Tey”. Él participo en el primer ataque al cuartel de Soledad. Más adelante fue destacado en la fábrica de bombas y armamentos establecida en la llamada "Casa de la Tía", en Aguacate.

El día 30 de julio, aniversario de la muerte Frank País, jefe del Movimiento 26 de Julio en la provincia de Oriente, se escogió para atacar al apostadero de Minas de Ocujal.

En el plan de acción se utilizaría un bulldozer con una bomba colocada en su cuchilla frontal para forzar la entrada al cuartel. Había que prenderle la mecha y el intenso fuego enemigo no daba tregua para efectuar esa operación. Era una misión en extremo peligrosa.

Emilio se ofreció para realizar el encendido de la mecha. Parapetado detrás de la cuchilla avanzó a la par que el bulldozer hacia las filas enemigas. Pero un giro brusco del equipo por un obstáculo en el camino dejó al descubierto el cuerpo de Emilio, quien cayó gravemente herido por el fuego graneado contrario.

Rápidamente fue ayudado por sus compañeros, quienes le retiraron hacia la retaguardia y le asistieron. Emilio, lejos de quejarse por sus heridas, pronunciaba palabras de arenga hacia sus compañeros para que cumplieran la misión de tomar el cuartel, a la vez que daba vivas hacia los próceres de la independencia cubana, Martí, Gómez y Maceo.

Los médicos guerrilleros realizaron ingentes esfuerzos por salvar su vida. Poco tiempo después fallecía.

Con carácter póstumo fue ascendido a Teniente muerto en campaña y, a propuesta del Jefe de la Columna 9 “José Tey” , le fue otorgada la orden “Legión de Honor Frank País”.

Hoy día la condecoración máxima que reciben los afiliados al Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la Defensa lleva el digno nombre de Emilio Bárcena Pier, y su ejemplo es uno de los baluartes de los trabajadores civiles y de los combatientes, clases y oficiales de las instituciones armadas cubanas.


ASENTAMIENTOS HAITIANOS EN CUBA (31-1-2005

)

Los haitianos se asentaron en diversos lugares del oriente de Cuba, fundamentalmente agrupados en comunidades cercanas a las grúas de pesaje de la caña, en los ramales de ferrocarriles, en los antiguos barracones de esclavos y en cuanto sitio le permitían los dueños de los centrales y demás integrantes de la sociedad, llegando hasta crear bateyes de gran concentración haitiana.

Constituían, por lo regular, comunidades cerradas, propensas a subsistir por sí solos.

Con el transcurso de los años ellos pasaron a residir en cuarterías, diferenciadas del barracón por estar divididas por paredes de madera y con un portal.

Construyeron ranchos con paredes de tablas de palma, pino, mangle y otros materiales y techo de guano, o bohíos edificados con paredes y horcones de tablas de palma o de yagua, pino, mangle y otros, y techo de guano.

En la política de asentamiento al antillano, y por sobre todo, al haitiano, los dueños de tierra le ofrecían a estos porciones de terrenos vírgenes. El inmigrante desbrozaba montes con machetes y hachas para construir ranchos y convertirlos en productivos. Al cabo del tiempo, era desalojado de esos lugares por cualquier pretexto, y debía, con suerte, comenzar ese mismo proceso en otro lugar.

Así era explotada también la fuerza de trabajo del antillano.

El haitiano se mantenía en constante movimiento migratorio desde las distintas zonas de los centrales hacia las mayores zonas cafetaleras de las provincias orientales en el llamado tiempo muerto o receso de la zafra azucarera.

Así llegaban hasta los lomas de Guantánamo, Santiago de Cuba y otras a recoger café.


CENTRALES CON ASENTAMIENTOS HAITIANOS:

PROVINCIA CIEGO DE AVILA
Antiguo nombre Nombre actual
ADELAIDA ENRIQUE VARONA GONZALEZ
PUNTA ALEGRE MAXIMO GOMEZ
MORON CIRO REDONDO
PATRIA(CENTRAL
PINA) PATRIA O MUERTE
CUNAGUA BOLIVIA
VIOLETA PRIMERO DE ENERO
STEWART VENEZUELA
BARAGUA ECUADOR
ALGODONES ORLANDO GONZALEZ
JATIBONICO URUGUAY

PROVINCIA CAMAGUEY
Antiguo nombre Nombre actual
SENADO NOEL FERNANDEZ
LUGAREÑO SIERRA DE CUBITAS
SIBONEY SIBONEY
NAJASA ALFREDO ALVAREZ MOLA
SANTA MARTA CANDIDO GONZALEZ
MACAREÑO HAITI
JARONU BRASIL
AGRAMONTE IGNACIO AGRAMONTE
CESPEDES CARLOS MANUEL DE CESPEDES
ESTRELLA REPUBLICA DOMINICANA
FLORIDA ARGENTINA
VERTIENTES REPUBLICA DE PANAMA

PROVINCIA LAS TUNAS
Antiguo nombre Nombre actual
MANATI ARGELIA LIBRE
DELICIAS ANTONIO GUITERAS
CHAPARRA JESUS MENENDEZ
JOBABO PERU
GUAYABAL AMANCIO RODRIGUEZ
ELIA COLOMBIA

PROVINCIA GRANMA
Antiguo nombre Nombre actual
RIO CAUTO JOSE NEMESIO FIGUEREDO
YARA RANULFO LEYVA
ESTRADA PALMA BARTOLOME MASO
MABAY ARQUIMIDES COLINA
SALVADOR LA DEMAJAGUA
DOS AMIGOS FRANCISCO CASTRO CERUTO
ISABEL B. JUAN MANUEL MARQUEZ
NIQUERO ROBERTO RAMIREZ
CAPE CRUZ LUIS E. CARRACEDO

PROVINCIA HOLGUIN
Antiguo nombre                    Nombre actual
MACEO                             ANTONIO MACEO
CACOCUM                           CRISTINO NARANJO
SANTA LUCIA                       RAFAEL FREYRE
TACAJO                            FERNANDO DE DIOS

PROVINCIA SANTIAGO DE CUBA
Antiguo nombre                    Nombre actual
MIRANDA                           JULIO ANTONIO MELLA
AMERICA                           AMERICA LIBRE
PALMA SORIANO                     DOS RIOS
UNION                             RAFAEL REYES
ALGODONAL                         SALVADOR ROSALES
BORJITA                           PAQUITO ROSALES
BALTONY                           LOS REINALDOS
SANTA ANA                         CHILE

PROVINCIA GUANTANAMO
Antiguo nombre                    Nombre actual
ESPERANZA                         ARGEO MARTINEZ
ROMELIE                           HECTOR INFANTE
ERMITA                            COSTA RICA
SOLEDAD                           EL SALVADOR
ISABEL C.                         SAN ANTONIO MANUEL TAMES
LOS CAÑOS                         PARAGUAY
SANTA CECILIA


CHICHO CUBA, DIRIGENTE SINDICAL DE ORIGEN HAITIANO (28-9-2005)


Un ejemplo de la participación haitiana en las luchas obreras cubanas lo constituyó Chicho Cuba, un descendiente de haitiano y gran dirigente sindical de los trabajadores agrícolas en la colonia Egipto, en el central Ermita (Costa Rica), del hoy municipio El Salvador, en la provincia de Guantánamo.

Nació en la década de 1920 en la colonia Egipto. Su padres, haitianos, habían llegado a Cuba en 1919 para trabajar, ganar algún dinero y regresar a su país. Pero el poco ingreso logrado les hizo permanecer más tiempo del concebido. Tenían un cuarto en el batey en Egipto y con el tiempo hicieron una casa más amplia.

Aún siendo un muchacho mostraba una atracción muy grande por el país donde había nacido. “Cuba, Cuba, Cuba” siempre le oyeron mencionar, por lo que contemporáneos de él le empezaron a llamar Chicho Cuba.

No pudo acudir permanentemente a la escuela. Asistió poco tiempo a una situada en la colonia Corralillo del propio central Ermita. Pero su tenaz decisión por aprender todo lo más que podía le hizo que leyera mucho, y su inteligencia innata le permitió conocer bastante sobre las matemáticas, el español y otras materias.

A pesar de su ascendencia y hablar el creole en su hogar haitiano, aprendió y pronunció muy bien el idioma español, sin que se le notara el acento extranjero.

La situación económica de su familia le hizo abandonar la escuela y dedicarse al único trabajo asequible entonces: el corte de caña.

En las faenas del corte recorrió prácticamente todas las zonas del central Ermita: lo hizo cercano al chucho del propio Egipto, en el Cuatro y Medio, Corralillo, La Doña, Puriales, Ojo de Agua, Santa Rita y otros cañaverales de esas colonias.

Era negro, de mediana estatura y de fuerte complexión; de carácter alegre y muy popular; noble y tranquilo con los amigos pero muy enérgico, activo y agresivo en el hablar con los que no lo eran.

Demostró con su valiente actitud, que los braceros haitianos no eran gentes que acataran dócilmente las arbitrariedades que se cometían contra ellos.

El Sindicato fue organizado en el central Ermita en el año 1940 para encausar las inquietudes y reclamos obreros y enfrentar las pésimas condiciones de trabajo y de vida a las que estaban sometidos ellos y sus familias.

La tonelada de caña se pagaba muy barata: 15 centavos en 1933, después 25 y llegó hasta 47 entre 1939 y 1940. Los cortadores pedían constantemente que se mejorara esta situación.

En la colonia Egipto se concentraban los elementos más combativos del central, y Chicho Cuba fue elegido como el Secretario General del sindicato allí, porque –al decir de trabajadores de aquel entonces- para ser dirigente de los obreros agrícolas tenía que ser guapo hasta más no decir.

Chicho Cuba se reunía con los obreros y analizaban la situación imperante, planteando lo que debían exigir a los patronos.

En el año 1944 los cortadores de caña no resistieron más el bajo nivel de pago por su trabajo y las condiciones de vida a que estaban sometidos.

El día 6 de abril unos 800 macheteros que cortaban en Arroyo Manteca y otros lugares se organizaron en una marcha desde los campos de caña hacia las oficinas del central Ermita para exigir un aumento.

Al frente de ellos marchaba Chicho Cuba.

Los mayorales dieron el aviso a la oficina del central exagerando la situación: advirtieron que los obreros tenían intención de incendiar el ingenio.

Fue llamado entonces el Escuadrón 12 de Cuneira, cuyos efectivos tomaron posesión de los caminos Quita Calzones y otros por donde se dirigían los manifestantes.

Al aparecer estos empezaron a disparar contra ellos: primero al aire y después fueron bajando el nivel de dirección de sus fusiles hasta hacerlo contra los trabajadores.

En las zonas de la cañada de Hongolo Songo cayó abatido Chicho Cuba. Murió al instante, con sus brazos levantados cuando alentaba a sus compañeros.

Fue sepultado en el cementerio La Viuda, en el propio central Ermita.

Como él se encuentran otros haitianos, jamaicanos y sus descendientes que participaron, codo con codo, con los trabajadores cubanos en sus luchas sindicales.

MAGELA DUERME CON LA BANDERA HAITIANA DE CABECERA (18-5-2005)


Los sentimientos míos por Haití, su historia y cercanía a nuestra nación son muy fuertes, declaró Pedro Luis Ramírez García (Ashe) en la apertura de su exposición de pintura Querida Haití, este 18 de mayo, aniversario 202 de la creación de la bandera de ese país, en la sede de su Embajada en Cuba.

Pedro Luis Ramírez es licenciado en Educación Primaria y metodólogo de creación en la Casa de la cultura de Dos Ríos, Palma Soriano. Como miembro de la Asociación Hermanos Saíz ha realizado hasta el momento una veintena de exposiciones personales y más de medio centenar colectivas en Cuba, en 14 galerías de Estados Unidos y Jamaica.

Son tan fuertes los lazos que me unen a la cultura haitiana que mi hija de tres
años, Magela, rodeada de este ambiente y por propia decisión, duerme con una banderita de ese país debajo de su almohada.

Ashe es oriundo de Santiago de Cuba donde desde su Palma Soriano de residencia ha dedicado su afición por la pintura a reproducir estampas del pueblo haitiano.

La agonía de los esclavos, la revolución triunfante de Haití en 1804, sus líderes y el devenir de este país constituye el tema central de la obra artística de este artista criado entre una vecindad de haitianos en la zona oriental cubana.

Esa gran artista de dos islas: Martha Jean Claude, ya fallecida, con sus canciones y la evocación a su querida patria que se radiaba y televisaba fue la que me inspiró desde muy pequeño a tomar esta línea en la pintura.

Querida Haiti es una muestra del potencial creador de este pintor Taif con la imagen, tradiciones, pasajes históricos y colorido de la nación caribeña, en el acrílico sobre lienzo y cartulina.

Fiesta de la bandera, Polimitas haitianas, Zimbi, La Citadel, Máscara de carnaval, entre otras, se cuentan entre las catorce pinturas que componen la exposición de artes plásticas cuya apertura contó con la presencia de representantes del Cuerpo Diplomático y de instituciones políticas y sociales cubanas.

PASOS ORGANIZATIVOS DE LA COMUNIDAD HAITIANA EN CUBA



Desde mediados del año 2007 los haitianos y sus descendientes en Cuba realizan las coordinaciones pertinentes para sumarse a la Asociación del Caribe como su organización  oficial y reconocimiento legal.

Así se ha decidido para todos los integrantes de la comunidad haitiana en Cuba.

La historia de esta etnia en la Mayor de las Antillas data desde prácticamente la formación del país, incluso desde antes de la llegada europeos al Nuevo Mundo, denominado por algunos como el “descubrimiento”, ya que los nativos originarios de Haití, como le llamaron en lengua araucana al “país de altas montañas”, habían emigrado y asentado en Cuba.

Los colonialistas españoles se encargaron de arrasar con los aborígenes, tanto allí, en la isla llamada por ellos como La Española, como en Cuba, todo por el afán de riquezas a extraer en ambos territorios.

Importaron a los negros africanos en uno y otro lugares, dando comienzo a esa negra etapa de la historia de conquista y colonización en América, la esclavitud, durante la cual miles, millones de hombres y mujeres del continente africano perdieron la vida, entregaron su sangre y sufrieron de tanto atropello.

Haití fue ocupada poco a poco de otros elementos europeos, predominando los franceses, los cuales, mediante tratado de su país con España, se adueñaron de esta región.

Se formó en Haití, como parte de todo este proceso, una nueva comunidad, predominantemente francesa y africana, originaria del franco-haitiano.

La Revolución triunfante de los esclavos, en el periodo de 1790 a 1804, originó el éxodo hacia Cuba y hacia otras partes del continente americano de centenares y miles de franceses propiamente y de los franco-haitianos, formando así la segunda emigración hacia la Mayor de las Antillas desde Haití.

La llegada, asentamiento y participación en todos los aspectos de la vida en Cuba, fue dándole un fuerte vínculo al elemento haitiano-cubano.

Un siglo más tarde, con el papel preponderante del naciente imperio norteamericano  en Cuba, se produciría la tercera y mayor de las oleadas de inmigrantes procedentes de Haití. Empresas y magnates azucareros norteamericanos, cubanos y otros produjeron la entrada masiva en la Isla de otro manera de esclavitud: los braceros antillanos, mayoritariamente haitianos, para el corte de la caña de azúcar en los campos cubanos.

Así no menos de medio millón de haitianos fueron trasladados a Cuba como fuerza de trabajo barata y sometidos a todo tipo de explotación.

La historia escrita por los burgueses nacionales y extranjeros no recoge en toda su dimensión el horrendo pasaje de explotación, vejámenes y  discriminación a que estuvo sometido esta etnia durante las seis largas décadas de presencia suya en la denominada República de Cuba.

No obstante, en cada momento el oriundo de Haití supo enfrentar la situación en Cuba y participar heroicamente en todos los procesos sociales y de liberación popular. Así lo marcan los ejemplos del Cacique Hatuey, en tiempos de la conquista y colonización, las dotaciones o individualmente de esclavos haitianos incorporados a las tropas insurrectas o mambisas  durante las Guerras de Independencia cubana, los trabajadores y dirigentes sindicales haitianos en las luchas obreras, y los combatientes haitianos y sus descendientes participantes en el Ejército Rebelde en la  última etapa de la liberación cubana en la década de 1950.   

Haití, para entonces, estaba sometida a la sangrienta dictadura de Francoise Duvalier, lo que originaba el éxodo de miles de personas hacia diversos países, Cuba entre ellos, con lo que se efectuó una cuarta forma de emigración de  haitianos hacia la Mayor de las Antillas: por motivos políticos.

Con el advenimiento de la Revolución Cubana el primero de enero de 1959 se propició por los componentes revolucionarios y progresistas de los haitianos y sus descendientes radicados en Cuba la creación de una Asociación que les agrupara y les facilitara el intercambio entre sus coterráneos.

Así, a principios de los años de 1960 se constituyó una Asociación de Residentes Haitianos, a cuyo frente estuvieron destacadas personalidades residentes en Cuba.

Sus primeras acciones estuvieron encaminadas a la aglutinación de los elementos progresistas que luchaban contra Duvalier, tanto los que consideraban como necesario desarrollar el enfrentamiento armado como los que propugnaban otros métodos de enfrentamiento a la dictadura.

Durante varios años se mantuvo funcionando esta Asociación hasta caer en un impass, en correspondencia con las personas que asumían o no su dirección.

A la altura de febrero de 1991, y paradójicamente cuando el país entraba en un proceso de depauperación de las condiciones económicas, política y sociales, llamado Período Especial,  originado por la caída de la Unión Soviética y demás países del campo socialista de Europa,  se efectuó una nueva revitalización de la Asociación, asumida esencialmente por descendientes haitianos nacidos en Cuba, y cuyo eje inicial se desenvolvió en la capital del país y después se extendió al resto de las provincias, esencialmente, en la región oriental.

Las acciones desarrollada por el conjunto de dirigentes y activistas de la Asociación en esa etapa fue la de rescatar la autoestima entre los descendientes haitianos, lograr que los propios miembros de esta etnia realizaran el reconocimiento público de ellos como descendientes de haitianos y no de “franceses”, o la  negación de su condición como muchos acostumbraban a declarar.

Muchas décadas de discriminación y explotación sufridas en la llamada República hasta el 1959 hacían aparecer al haitiano y a sus descendientes como la última de las categorías sociales, económicas y de toda naturaleza en Cuba.

El haitiano y sus descendientes eran discriminados no sólo por su condición de pobre, como una de las únicas etnias en Cuba que no contaba con medios de producción propios, recursos naturales u otros objetos de riqueza material,  sino también por ser extranjero y no dominar bien la lengua española.

Los discriminaban los cubanos blancos y de otra pigmentación de la piel pero, peor aún, los discriminaban por los propios negros cubanos que preferían ver muertas a sus hijas antes que casadas o en relaciones amorosas con un haitiano o sus descendientes.

En número reducido acudían a las escuelas los niños y, sobre todo, las niñas, descendientes de haitiano, y eran objeto de burlas por su manera de vestir, de peinar o de hablar el español. Despectivamente se les llamaba  “pichón de haitiano”.

El creole, la lengua materna de sus padres, era hablado por ellos a lo interno de sus hogares y no en público, para tratar de esconder su origen haitiano.

 Por tales circunstancias, a pesar de la acción liberadora de la sociedad originado por la Revolución Cubana, treinta años después de aquel Primero de Enero aún subsistían en las mentes y en las vidas de numerosos descendientes de haitianos los rezagos discriminatorios de épocas pasadas, y preferían ocultar o no exponer en público su ascendencia haitiana.

El Grupo Gestor de la Asociación de Residentes y Descendientes Haitianos en Cuba (ARDHC) se dio a la paciente tarea de contrarrestar estos prejuicios y atraer hacia su seno a los haitianos y sus descendientes en el país.

La labor consecuente, diaria y sistemática de ellos, junto al cada vez mayor panorama de rescate cultural que propiciaban las instituciones del país, fueron calando en una cada vez mayor número de personas que se sumaron al propósito de llegar a tener una Asociación propia de haitianos y sus descendientes, por demás una de las pocas, sino la única agrupación en Cuba de una etnia mayoritariamente de pigmentación de la piel negra.

El 10 de febrero de 1991 tuvo su fecha de reactivación  como una agrupación sociocultural y el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) fungió como el órgano de relación., y en todo instante brindó una esmerada atención y apoyo a los propósitos de la Asociación.

Además de la labor proselitista entre los haitianos y sus descendientes en el país, el Comité Gestor inició un grupo de actividades propias sobre la cultura haitiana, tal y cuales fueron una conferencia del escritor y director de cine Rassoul Labuchin sobre Haití su economía y desarrollo social, la primera, y un encuentro con los periodistas y otras personas que concurrieron a la toma de posesión del presidente Jean Bertrand Aristide.

Desde un primer momento se fijó el rescate de las tradiciones históricas de Haití, sus costumbres y su folklore, el empleo del creole y otras tradiciones.

Las “Tardes haitianas” se convirtieron en un medio para el intercambio informativo y cultural de esta comunidad, a la vez que se desarrolló una sistemática atención a la familia de los fallecidos y otras acciones sociales.

Se conmemoran y celebraron las efemérides haitianas y se abrieron aulas para la enseñanza del creole.

El reencuentro familiar es una de las líneas de trabajo del Asociación.

Un ejemplo de participación activa respecto a los problemas concretos del país fue la constitución y resultados de una Brigada de Trabajo Voluntario de sus asociados y de haitianos estudiantes en Cuba o refugiados que, por espacio de 15 días en dos años consecutivos participaron en áreas agrícolas en apoyo al Programa Alimentario.  La Brigada se denominó Emilio Bárcena Pier, en homenaje al descendiente de haitianos participante en la guerra de liberación revolucionaria y caído en combate.

Otra evidencia lo fue la constitución de la primera cooperativa agropecuaria haitiana en Cuba, en el municipio de Florida, provincia de Camaguey, una parte de cuya producción se destinó al apoyo alimentario de Círculos Infantiles y Hogares de Ancianos de aquel territorio.

También miembros de la Asociación contribuyeron con su labor voluntaria en la construcción de la Villa Panamericana, al este de la capital.

Como parte de la labor de la Asociación estuvieron las acciones realizadas por la comunidad con los refugiados haitianos llegados a Cuba. 

En la medida en que se fue fortaleciendo como organización, y que sus actividades fueron cada vez más difundidas y trascendidos sus contenidos, se propició un movimiento de identificación y acercamiento a la Asociación de haitianos residentes y sus descendientes en Cuba.

Sus filas se incrementaron tanto en Ciudad de La Habana  como en las otras provincias, lo  que originó la necesidad de estructurar el Comité Gestor en filiales. Así se crearon las filiales de Matanzas, Florida, Morón Ciego de Avila, Camaguey, Esmeralda, Santiago de Cuba y Guantánamo, como las primeras, y propugnándose la constitución en otros lugares como Amancio Rodríguez, Las Tunas, Holguín, etc.

Con el incremento del turismo en Cuba se originó igualmente una arribazón mayor de ciudadanos haitianos residentes en Estados Unidos, Canadá, Francia y en otros lugares, los que se comunicaron con la comunidad en el país y fueron atendidos por ésta.

También se propició el intercambio de la Asociación con comunidades haitianas residentes en otros países.

La comunidad ha promocionado la creación y apoyado la constitución de grupos folklóricos de descendientes de haitianos en Cuba, tanto en la capital como en el resto del país.

El Gobierno de la capital le entregó un local al Comité Gestor para que se reparara y convirtiera en la futura Casa de la Cultura Haitiana en Cuba, a la vez que sede de la Asociación de Residentes Haitianos y sus Descendientes.

Fueron invitados oficialmente directivos del Comité Gestor y por primera vez en 1995  una delegación de la comunidad haitiana en Cuba visitó Haití. También se produjeron visitas a Canadá.

 Desde el 1994 el Comité Gestor inició los pasos para la inscripción oficial de la Asociación en los órganos de justicia del país. Hasta ese entonces primaba el criterio en el ICAP de que, como este organismo era el órgano de relación de la Asociación, no se necesitaba una inscripción oficial ante el Ministerio de Justicia.

Se elaboraron los proyectos de Estatutos, Reglamentos y demás documentos solicitados para la inscripción como Asociación y e presentaron ante el Ministerio de Justicia.

El Comité Gestor y la comunidad en su conjunto organizaron y desarrollaron en la capital el Primera, Segunda y Tercera Semanas de la Cultura Haitiana en Cuba, durante los años 1993 (del 3 al 9 de enero), en 1994 ((primera quincena de enero), y en 1995 (25 de junio al 2 de julio), en los que participaron numerosos grupos folkóricos del país portadores de la cultura haitiana, así como artistas haitianos de Estados Unidos y Canadá que actuaron durante ambas semanas de festejos.

La Asociación, que hasta diciembre de 1995 se denominó Asociación de Residentes y Descendientes de Haitianos en Cuba (ARDHC) pasa a llamarse en lo adelante como Asociación de Haitianos y sus Descendientes en Cuba (ADHC), según se acordó en el Primer Encuentro de la Asociación con sus filiales en las provincias.

El Día Internacional del Creole, instituido en 1979 en las Isla Seychelles, y que se festeja anualmente en todas las regiones del mundo donde se habla este idioma, se celebró por primera vez en Cuba por la Asociación el 29 de octubre de 1996 en el ICAP, como parte de las actividades por el Día de la Cultura Cubana (20 de octubre).

En el año 1997 el Comité Gestor recibe la orientación de que por decisión oficial del país, hasta tanto no estuviera inscrita en el Registro de Asociaciones, del Ministerio de Justicia, no estaba autorizado a realizarse más actividades de la comunidad haitiana como tal.

Tal y como hasta el momento venía ocurriendo, el Comité Gestor fue fiel celador de la Legalidad Socialista y suspendió, desde entonces, toda actividad oficial como Asociación.

Parejamente dio los pasos para que se acelerara lo que ya hacía un tiempo largo había presentado ante las autoridades correspondientes: la solicitud de inscripción ante el ICAP, como Organo de Relación, y el Ministerio de Justicia.

El Comité Gestor continuó, en todos estos años transcurrido hasta la fecha, propiciando la elevación de la autoestima entre los haitianos y sus descendientes en Cuba, estimulando el rescate y desarrollo de la cultura haitiana en el país, atendiendo el reencuentro familiar, promoviendo líneas de acción solidaria y proyectos de colaboración con el pueblo haitiano, y gestionando la unidad en el seno de la comunidad haitiana –incluso, con aquellos que tomaron otro derrotero y fomentaron la división-.

La Dirección del país decidió no autorizar el reconocimiento de más organizaciones no gubernamentales en el país y, como parte de ello, fortalecer la agrupación en la Asociación del Caribe de todos aquellos oriundos  o descendientes de las islas y zonas de esta región.

Hasta este momento y durante los últimos diecisiete años, los inmigrantes haitianos y sus descendientes nacidos en Cuba habían laborado para crear una Asociación propia.
Asociación de Haitianos y sus Descendientes en Cuba (ADHC),

El Comité Gestor de la Asociación de Haitianos y sus Descendientes en Cuba (ADHC),
fiel a sus votos por la Revolución Cubana, acata esta decisión y estimula a sus integrantes y a la comunidad haitiana en el país a inscribirse en la sede central y filiales de la Asociación del Caribe, proceso que se desarrolla paulatinamente desde el año 2008 hasta el presente.